el significado de Mahuechi

El Mahuechi es una manera muy propia de los pobladores de la sierra sonorense y chihuahuense para referirse a la parcela, a las plantas sembradas que son alimentos.

Este termino es común en regiones donde habitaron o habitan indígenas opatas (Sahuaripa, Nácori Chico, Arivechi, Onavas, Yecora), Pímas (Moctezuma, Granados, Bacerac, Huachinera y otros), en Sonora, tarahuamaras (Chínipas, Madera, San Juanito, Creel,  Guazapares y otros).

Se refiere  a la siembra, aunque según el lugar tiene variantes, pero en general se refiere a una siembra irregular, es decir no en surcos, no permanente, exclusivamente de temporal, en la ladera o falda de los cerros y montañas, ubicado cerca de una fuente de agua dulce o por donde pasa una corriente de agua, sea un riachuelo, arroyo, manantial, ojo de agua u otro similar que por lo general no se caracteriza por ser abundante, sino mas bien escasa, pero constante.

Como particularidad se refiere a la siembra con “pica” que puede ser una barra metálica o un palo aguzado en una punta mediante el cual se hace un hoyo en el suelo y se deposita la semilla, dejando que la naturaleza realice el milagro de la germinación.

Como MAHUECHI implica el acto de sembrar de manera irregular, a nosotros nos inspiro para la acción o actividad que deseamos realizar, ser sembradores de la semilla de la conciencia entre los trabajadores, estudiantes, jóvenes, mujeres, indígenas y campesinos. Sembrando conciencia de su condición de explotados en este sistema depredador de recursos humanos.

Sembrando conciencia de la necesidad de proteger y rehabilitar la naturaleza depredada por los hambrientos de riqueza y poder.

Sembrando conciencia de los derechos humanos y constitucionales para ejercerlos, y defenderlos, ejercitándolos.

Sembrando conciencia de que solo tenemos un planeta y necesitamos estar en armonía con él.

Sembrando conciencia que sólo la organización podrá liberarnos de esta condición de sumisión.

En fin seamos MAHUECHIS, sembradores de conciencia.

Que florezcan mil mahuechis.

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El arte y la literatura en la Revolución de Octubre .

tomado de semanariovoz.com.

José Luis Díaz-Granados

El impulso que desde el primer momento dio a las diversas manifestaciones de la cultura el gobierno liderado por Vladimir Ilich Lenin, fue uno de los acontecimientos fundamentales de la Revolución triunfante en 1917. Los artistas plásticos, los ensayistas, los poetas, los narradores, los cineastas, los compositores musicales, los intérpretes y los balletistas, recibieron el apoyo efectivo y entusiasta y ellos a su vez otorgaron lo mejor de sus quehaceres creadores al tiempo histórico que vivían.

En ese mundo de constante dinamismo intelectual, en el que las vanguardias y audacias experimentales hacían y deshacían formas, sonidos, trazos y palabras, los artistas rusos asimilaron de manera admirable las influencias de los credos estéticos reinantes: el surrealismo, el futurismo italiano, el constructivismo y el cubismo.

“Por primera vez en la historia —escribía Vladimir Maiakovski, el poeta-símbolo de la Revolución Bolchevique—, la vida monótona se pintará de colores”. Y todos a una acabaron con el arte frío y artificioso de la aristocracia zarista. Así, llovieron poemas de inusitada osadía verbal en autores como el propio Maiakovski, Serguei Esenin, Alexander Block, Marina Tsvetáeva, Velimir Jlébnikov, Anna Ajmátova, Nikolai Tíjonov y Andréi Biely, entre otros.

En la primera línea estaba el novelista Máximo Gorki, quien había entrado por la puerta grande a la narrativa rusa del siglo XX, con obras de profunda sensibilidad humana como La madre, Los bajos fondos, Días de infancia y Los vagabundos. Luego vendrían los pioneros de la novela soviética: Alexei Tolstoi, Nikolai Ostrovski, Konstantin Fedin, Boris Pasternak, Alexander Fadeev y Mijaíl Sholojov.

El papel de los pintores

Los pintores derribaron el realismo academicista de tintes anacrónicos y se lanzaron a la búsqueda de novedosas formas pictóricas como Marc Chagall, Vasili Kandinsky, Boris Kustodiev, Kazimir Malevitch, Leonid Pasternak y Vladimir Tatlin. Este último, amigo de Picasso, afirmaba: “La obra debe participar en la vida y en la construcción del mundo”.

En la música, participaron activamente en la consolidación de la Rusia Soviética, Serguei Prokofiev (El teniente Kije, Pedro y el lobo, La cenicienta, Romeo y Julieta) y Dmitri Sostakovich (Sinfonía Leningrado, Jazz suite y el famoso Vals N° 2), considerados dos de los grandes compositores musicales de todos los tiempos.

Isadora Duncan, la icónica bailarina estadounidense, admiradora de Marx y de Lenin, y amante del poeta Esenin, apoyó de manera ferviente el triunfo de los bolcheviques en 1917. En su autobiografía escribió: “El día en que se anunció la revolución rusa, todos los amantes de la libertad experimentamos un júbilo de esperanza. Aquella noche bailé La Marsellesa con el verdadero espíritu revolucionario que la inspiró. Luego interpreté la Marcha eslava, en la cual figura el Himno al zar, y reflejé la humillación de los siervos bajo los chasquidos del látigo. Esta antítesis, esta disonancia entre mis gestos y la música, provocaron una verdadera tormenta en el público. Es raro que en toda mi carrera artística me hayan atraído más que ningún otro los movimientos de desesperación y de rebeldía. Con mi túnica roja he bailado constantemente la revolución y he llamado a las armas a los oprimidos. La noche aquella de la revolución rusa bailé con júbilo feroz. Mi corazón estallaba dentro de mi pecho al sentir la liberación de todos aquellos que habían muerto por la causa de la Humanidad”.

En el cine, el genial director Serguei Einsestein renovó la técnica del género en grandes películas épicas como La madre, La huelga, El acorazado Potemkin, ¡Soviet, avante!, y Octubre, esta última, un homenaje emocionado y rotundo a la Gran Revolución Socialista.

La música popular

Asimismo, durante las primeras décadas de la Revolución, florecieron las más hermosas, marciales y delicadas canciones de temática popular, óperas y ballets en donde se plasmaban los cambios sociales y del comportamiento humano que se estaban llevando a cabo en la Unión Soviética.

Siempre precedidas por La Internacional, el himno universal de los trabajadores, cuyas notas marciales fueron interpretadas por primera vez en 1888, con música de Pierre Degeyter y letra de Eugéne Pottier. Las primeras melodías de la naciente patria de los soviets fueron: La marsellesa de los trabajadores (parodia de La marsellesa, en la que se instaba a despedazar al régimen zarista), Baikal, lago de Siberia, ¡Camaradas, marchemos altivos!, Por el poder de los soviéticos, El héroe Chapayev vagó por los Urales, La locomotora y La bandera roja.

En el impulso y estímulo constante de las artes en la naciente Revolución, es innegable el liderazgo de Lenin, pues fue el mayor propulsor de las diversas expresiones culturales como suprema forma de desarrollar el saludable aire nuevo que acababa de entrar en la vieja Rusia feudal.

Pero nadie mejor que los poetas para expresarlo:

El cielo es como una campana. / Como el tiempo mis palabras. / Como mi madre la patria. / ¡Y yo me siento bolchevique!” (Esenin).

Camaradas, / dad un arte nuevo, / un arte / ¡que saque a la república del fango! (Maiakovski).

Y como colofón glorioso de esta sin igual conmemoración, su lema lírico incomparable: ¡Lenin vivió! ¡Lenin vive! ¡Lenin vivirá!

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MARYCHUY : REBELION MORAL

Artículo de Luis Hernández Navarro en La Jornada de Hoy, 14 de Noviembre de 2017.

La campaña de María de Jesús Patricio, Marichuy, para conseguir las firmas necesarias para registrar su candidatura a la Presidencia contrasta con la del resto de los aspirantes no sólo por ser quien es, sino por lo que hace cada día.

Las imágenes hablan por sí solas. Mientras personajes como Margarita Zavala o Jaime Rodríguez, El Bronco, convocan a sus adherentes a sumarse a sus filas desde plazas públicas vacías, Marichuy comenzó en territorio zapatista su recorrido para conseguir las firmas necesarias, cobijada por decenas de miles de indígenas. Los Pedro Ferriz y anexos son coroneles autonombrados (y una coronela) a la búsqueda de tropa; en cambio, Marichuy es la representante genuina de una fuerza político-social fuertemente implantada en todo el país, organizando a quienes resisten.

En su recorrido por Chiapas, María de Jesús Patricio estuvo rodeada de mujeres. En un hecho inusitado en la política nacional, fueron mujeres las que le dieron la bienvenida, hablaron en los mítines, fungieron como maestras de ceremonias y concurrieron masivamente a las movilizaciones. En cambio, el sello de la propuesta política del resto de los aspirantes (incluida la de la esposa del ex presidente Felipe Calderón) es fundamentalmente masculina.

Si los viejos políticos que hoy se disfrazan de ciudadanos disponen de cuantiosos recursos económicos que les permiten adquirir sofisticados equipos telefónicos y de cómputo, contratar publicistas y asesores en imagen y emplear personal asalariado para recoger firmas, Marichuy hace su labor con voluntarios (en su inmensa mayoría jóvenes) que no reciben un centavo por su labor, carecen de infraestructura y de dinero para trasladarse.

Entre tanto, los prófugos de PAN, PRI y PRD buscan con desesperación las luces de los grandes medios de comunicación y no se mueven de las urbes, Marichuy recorre el México profundo hilando, con la paciencia y el oficio de las bordadoras, el tejido asociativo de las resistencias.

Lejos de la apacible tranquilidad de quienes apuestan casi todo a los amarres por arriba y a la eficacia de sus equipos de profesionales electorales, la campaña de la vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) camina, como una bola de nieve que crece conforme rueda, improvisando sobre la marcha y sumando adhesiones insospechadas.

Marichuy no es gran oradora. No es histriónica. No se exalta. En ocasiones hasta puede parecer anticlimática. Sus discursos son como una charla ante compañeros o amigos. No pretende desatar pasiones. No busca enardecer a las multitudes. Sin embargo, cuando habla deja en ellas su huella: las conmueve y moviliza.

Su palabra tiene la frescura de lo genuino. Nace del corazón y la experiencia. Surge de su capacidad de escuchar al México de abajo, afinada desde hace décadas. Proviene de una profunda reflexión sobre sus raíces. Cuando toma la palabra en los mítines, ni ofrece ni promete nada. No regaña. No ofrece salvación ni premios. Pero abre horizontes y convoca a hacer posible otro futuro.

Ante la sobreabundancia verbal de los otros aspirantes, María de Jesús Patricio practica la economía del discurso. Sus intervenciones son tan breves como sustanciosas. Les dice algo a los muchos que recién despiertan a la política y sienten que lo que hasta ahora había no los llenaba. En su sencillez, en su autenticidad, encuentran un sentido. En la sorprendente mezcla de su pobreza y su capacidad de soñar ven un instrumento de libertad.

Marichuy es la que es y no pretende presentarse como alguien diferente. Nunca ambicionó ni buscó ser candidata a la Presidencia. No disfruta de los reflectores. Llegó allí porque sus compañeras se lo solicitaron y porque el servir a su pueblo ha calado hasta lo más hondo de sus huesos. Está allí pagando un enorme costo personal para hacer lo que se propone: ser vocera del México de abajo.

Mientras los otros aspirantes se disfrazan de los personajes que sus asesores les sugieren y se someten a la dictadura del marketing para venderse en el mercado electoral como una mercancía al gusto del consumidor, la vocera del CIG se viste como siempre se ha vestido y dice lo que siempre ha dicho. No se preocupa por encuestas. Su propósito es otro: organizar las resistencias y visibilizar el despojo y la humillación que viven los pueblos indios.

Al poner en el centro de su movilización la lucha contra el racismo y por la vida desde los pueblos indígenas y las mujeres, Marichuy y el CIG han comenzado a precipitar el inicio de una insurrección moral de la sociedad. En un país como México, vergonzantemente racista, su iniciativa convoca a vencer la parálisis, la desesperanza y el escepticismo.

Fieles al principio del Congreso Nacional Indígena que estipula subir y no bajar, Marichuy y el CIG caminan cuesta arriba. Cada día, sus afanes anticapitalistas se enfrentan a nuevos problemas. A pesar de ello, no se detienen. Claramente diferenciada de los políticos tradicionales (con o sin partido), su irrupción en la arena pública muestra las potenciales transformadoras de una otra política. Una otra política basada en la congruencia, la ética y la honestidad, como la que María de Jesús Patricio y sus compas han hecho toda la vida

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No se fíen de Google

9 de noviembre 2017

Juan Torres López – Consejo Científico de ATTAC España

Aunque, según las encuestas, la mayoría de la gente cree que los buscadores que casi constantemente utilizamos en la red son imparciales, lo cierto es que generan un sesgo muy importante en nuestra percepción del mundo y una influencia unilateral decisiva en nuestras decisiones y actuaciones.

Las webs empresariales utilizan “cookies” y otros procedimientos sofisticados que se instalan en nuestros ordenadores apenas lo consintamos, bien sea deliberadamente o por descuido. Así detectan nuestras búsquedas y a partir de ellas puedan ofrecernos productos comerciales que se adecúen a nuestras aficiones o demandas. En su interesante libro El filtro burbuja: cómo la web decide lo que leemos y lo que pensamos, Eli Parisier explica que, al escribir la palabra “depresión” en un diccionario on line, la web instalará 223 cookies y dispositivos de rastreo para que otras web puedan ofrecer a quien la haya escrito productos antidepresivos: “comparte un artículo de cocina de ABC News -dice en otro lugar del libro- y puede que te acaben persiguiendo por internet anuncios de ollas antiadherentes. Abre -aunque sea por un instante- una página en la que se enumeren signos de que tu mujer puede estar engañándote y prepárate para que te persigan anuncios de pruebas de paternidad”.

Se trata de un procedimiento legal pero que puede dejar de serlo cuando se aplica manipulando los algoritmos que proporcionan las respuestas del buscador, como ha ocurrido con Google. La Comisión Europea multó en junio pasado a este gigante de la red con 2.420 millones de euros por manipular los resultados de búsqueda con el fin de dirigir a los usuarios, de forma inapropiada y en perjuicio de sus competidores, a su propio servicio de compras, Google Shopping.

Pero los buscadores no solo se conciben o incluso se manipulan con fines meramente comerciales sino que también están diseñados para incidir estratégicamente en nuestra percepción del mundo y, por tanto, en los criterios de los que dependen nuestras decisiones personales y políticas. La información que nos proporcionan no es ni mucho menos neutra u objetiva, como generalmente se cree, sino que nos llega previamente filtrada en función del perfil específico que de cada uno de nosotros haya compuesto el algoritmo correspondiente. “La consulta ‘células madre’ -sigue diciendo Parisier en su libro- puede producir resultados diametralmente opuestos en el caso de que los usuarios sean científicos que apoyan la investigación o activistas que se opongan. ‘Pruebas del cambio climático’ puede deparar resultados diferentes a un activista medioambiental y a un directivo de una compañía petrolífera”. Así es como los buscadores introducen un sesgo constante que, sin que seamos conscientes, nos impide disponer de una visión plural de los fenómenos sobre los que, a través de ellos, indagamos en la red. Sin que podamos ser conscientes de ello, van conformando nuestra percepción del mundo.

Y ni siquiera eso es lo peor. Los buscadores no solamente filtran la información disponible para hacernos llegar preferentemente la que previamente parece más adecuada a nuestro perfil predefinido. Además de ello, seleccionan las fuentes de la información y eliminan las que pueden considerarse más indeseables o molestas, por decirlo de alguna manera, para el “saber establecido”. Y, paradójicamente, la excusa que se utiliza para homogeneizar la información y para silenciar la información alternativa es que hay que evitar que se difunda la falsedad y garantizar que en la red se divulgue la verdad. Paradójica, porque el resultado de esa aparentemente noble pretensión es que se fortalecen visiones del mundo que no son precisamente las que mejor reflejan la realidad.

El caso de Google es singularmente significativo. En mayo pasado anunció una actualización de sus directrices para “evaluar la calidad de búsqueda” con el fin de “proporcionar ejemplos más detallados de páginas web de baja calidad para que los evaluadores marquen adecuadamente”. Unos evaluadores que son los que supuestamente tienen como función rechazar las noticias falsas, los “fakes”, las “experiencias molestas para el usuario” y las “teorías de conspiración”, hoy día tan abundantes como perniciosas.

Hace un año, la agencia Reuters publicó un artículo informando del nacimiento de una organización sin fines de lucro que iba a trabajar para fomentar y garantizar la confianza y la verdad en la era digital combatiendo la difusión de noticias falsas. Se llamaba First Draft Coalition y en ella estarían incluidas grandes corporaciones de la información como Google, Facebook, Twitter, The New York Times, The Washington Post, BuzzFeed News, Agence France-Presse o CNN. Meses más tarde, en mayo pasado, Google seguía esa línea y anunció una actualización de sus directrices para “evaluar la calidad de búsqueda” con el fin de “proporcionar ejemplos más detallados de páginas web de baja calidad para que los evaluadores marquen adecuadamente”. Unos evaluadores que son los que supuestamente tienen como función rechazar las noticias falsas, los “fakes”, las “experiencias molestas para el usuario” y las “teorías de conspiración” hoy día tan abundantes como perniciosas.

Cualquier persona sensata consideraría que el objetivo de Google es bienintencionado, sobre todo, cuando eso se hacía con las miras puestas en evitar el cúmulo de manipulaciones y mentiras de todo tipo que circularon en la red durante las últimas elecciones estadounidenses (aunque habría que decir que no solo entonces, porque la red también fue una fuente de influencia estratégica no explicitada en la elección de Obama).

Sin embargo, lo cierto es que ese cambio de criterios de Google se ha traducido en un nuevo algoritmo de búsqueda con resultados muy significativos: las webs progresistas han resultado silenciadas en los resultados que el buscador proporciona en materias económicas, políticas y sociales de especial trascendencia, produciendo así una disminución sorprendente en el número de personas que las visitan.

El portal World Socialist Web Site ha analizado los datos estadísticos que proporciona SEMrush sobre el tráfico en la red desde junio (cuando comenzaron a aplicarse las nuevas directrices de Google) a septiembre de 2017, y los resultados son bien evidentes: wsws.org cayó el 67%, alternet.org el 63%, globalresearch.ca el 62%, consortiumnews.com el 47%, socialistworker.org el 47%, mediamatters.org el 42%, commondreams.org el 37%, internationalviewpoint.org el 36%, democracynow.org el 36%, wikileaks.org el 30%, truth-out.org el 25%, counterpunch.org el 21% y theintercept.com el 19%. La gráfica siguiente que proporciona alternet.org con la evolución de visitas a su web habla por sí sola (su editorial sobre el tema aquí).

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Hasta un medio tan convencional y vinculado al establishment como The New York Times se hizo eco de los efectos del cambio de directrices de Google sobre las webs alternativas (As Google Fights Fake News, Voices on the Margins Raise Alarm) y muchos analistas están tratando de discernir el cambio efectivo que han supuesto las nuevas directrices sobre el uso estratégico de la información en la red.

La pregunta que se hace cualquiera que sepa que las páginas alternativas y de izquierdas son las que resultan silenciadas por estos nuevos criterios es si realmente estas son las webs que principalmente difunden falsedades.

Y lo bueno es que sabemos a ciencia cierta que eso no es así.

El profesor de la Universidad de Elon en Carolina del Norte (Estados Unidos) Jonathan Albright analizó los sitios en donde 306 web de derechas difundieron falsedades y encontró que habían ido a 23.000 páginas a través de 1,3 millones de hipervínculos (The #Election2016 Micro-Propaganda Machine). Mapeó los resultados y le salió la imagen de más abajo en la que se distingue claramente que los mayores difusores de mentiras de derechas a nivel mundial son, precisamente, las grandes corporaciones mediáticas que dicen combatir la difusión de falsedades… silenciando para ello a las páginas web progresistas y de izquierdas.

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Pero Albright descubrió algo más. Las grandes corporaciones mediáticas no solo difunden una mentira para que circule lo más ampliamente posible por la red sino que eso se hace de modo que se pueda adoctrinar con la mayor eficacia: “Vi los trackers en esas páginas y me quedé asombrado. Cada vez que alguien da un like a una entrada de Facebook o visita una de esas páginas, los scripts te siguen por toda la web. Y esto permite a empresas de recolección de datos y de influencia, como Cambridge Analytica, identificar con precisión a individuos, a seguirlos por la web y enviarles mensajes políticos muy personalizados. Es una máquina propagandística. Identifica individuos para convencerles de una idea. Es un nivel de ingeniería social que nunca había visto antes. Estás atrapando a la gente y luego les mantienen atados a una correa emocional y nunca les sueltan” (Google, la democracia y la verdad sobre las búsquedas en internet).

El asunto es serio y conviene ponerse a resguardo. Quien desee disponer de información mínimamente plural y exenta de manipulación no se puede fiar de los grandes buscadores y más concretamente de Google, una especie de Gran Hermano Buscador que ejerce un monopolio de facto sobre el que nadie termina de pronunciarse. Pero, ojo, tampoco de las web de los grandes portales, como Facebook, que aparentemente solo nos ofrecen conectividad y entretenimiento; ni de los grandes medios que son los que en la práctica propagan las mentiras que dicen combatir.

Hay buscadores y fuentes alternativas. No son tan potentes como Google pero permiten sortear las limitaciones de éste último y, sobre todo, sus estrategias profundas y no bien confesadas. Y existen también medios digitales e impresos que ofrecen otra información menos sesgada y más libre que los más conocidos y poderosos, propiedad de las grandes corporaciones. Ya saben que no se puede ser libre sin estar bien informado, así que no se fíen y elijan bien.

ganas de escribir

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A 100 AÑOS DEL OCTUBRE ROJO EN RUSIA.

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La insurrección de los obreros, los campesinos y los soldados de toda Rusia, bajo las banderas de la lucha por la paz, la tierra, el pan y todo el poder a los Soviets, demostró que los de abajo sí pueden ganar.

A las siete de la noche del veinticinco de febrero de mil novecientos diecisiete, el Zar Nicolás le envía un telegrama urgente al general Jávalov, jefe del Estado Mayor del Ejército: “Ordeno que mañana mismo se ponga fin a los disturbios en la capital, intolerables en los difíciles momentos de guerra contra Alemania y Austria”, a pesar de esta lacónica misiva, la realidad era otra, todo el aparato estatal de la monarquía se desmoronó en unas semanas, los obreros paralizaron las fábricas y los trenes, la situación en los cuarteles y en los frentes de guerra era dramática, la hambruna hacía estragos en la población. La Duma -el parlamento- se reúne en el Palacio de Táurida en busca de una solución a la estrepitosa crisis política en curso, mientras que el Soviet de obreros, soldados y marinos de San Petersburgo se pronuncia por la República Democrática. El dos de marzo el Zar abdica. La dinastía de los Romanov llega a su fin. Comienza la primera fase de la revolución rusa.

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La tormenta política se expresó en la dualidad de poderes, por una parte, se instala un Gobierno Provisional, presidido por Kerenski, en el que confluyen partidos de las más diversas tendencias, y por la otra, se conforman los Soviets, -palabra rusa que significa consejos- con delegados obreros elegidos en las fábricas y por militares electos en asambleas que se reúnen en los cuarteles.

El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (bolchevique) se moviliza en todo el país, sale de la clandestinidad a la lucha política abierta, sus diputados son puestos en libertad al aprobarse una amnistía general, reaparece su diario, “Pravda”, luego de años de proscripción. Su líder, Vladimir Ilich Uliánov –Lenin- regresa a Rusia el tres de abril con sus “tesis”: en las que plantea que en el orden del día está el problema del poder, que la revolución democrática puede ser dirigida por las clases trabajadoras, y que es posible abrirle paso a la revolución socialista.

La contienda política gira en torno al carácter del nuevo gobierno, la elección de una Asamblea Constituyente, la hambruna y la guerra. Se reúne en junio el primer Congreso de los Soviets de toda Rusia, los partidos –socialista revolucionario-, eseristas, y el ala menchevique del POSDR son mayoría en ese momento. La posición que asumirán los Soviets frente al Gobierno Provisional, dominado por los partidos derechistas, es el punto álgido.

El eserista Tsereteli toma la palabra para defender al gobierno de Alexandr Kerenski y afirma:

– ¡No existe un partido capaz de tomar el poder en sus manos!

– ¡Existe! –dijo Lenin dese su escaño.

El jefe bolchevique se levanta y refuta a Tsereteli:

– El paso del poder al proletariado revolucionario, apoyado por los campesinos pobres, es el paso a la lucha revolucionaria por la paz.

En lo que la historia conoce como el “Octubre Rojo” se forma el Comité Militar Revolucionario del Soviet de San Petersburgo, la crisis política es gravísima, la decisión del comité central bolchevique es aprovechar la coyuntura que se ha creado, se lanzan a la insurrección, escribe Lenin en la tarde del 24 de octubre: “La situación es crítica en extremo (…). Poniendo en ello todas mis fuerzas quiero convencer a los camaradas que hoy todo pende de un hilo, de que figuran en el orden del día problemas que no pueden resolverse por medio de conferencias, ni de congresos (aunque sean, incluso, congreso de los soviets), sino únicamente por los pueblos, por medio de la lucha de las masas armadas”.

Sin pausa alguna, el Comité Militar Revolucionario pone en marcha el plan insurreccional en San Petersburgo, Moscú y otras importantes ciudades, los bolcheviques obtienen una nítida victoria en las elecciones de delegados de los soviets en todo el país. Los revolucionarios asaltan el Palacio de Invierno y toman el control de los puntos vitales de la capital. El Gobierno Provisional fue depuesto. El II Congreso de los Soviets de toda Rusia, ahora constituido por una amplia mayoría de delegados bolcheviques y eseristas de izquierda, decide formar el primer gobierno soviético, el Consejo de Comisarios del Pueblo, Lenin lo preside.

Comienzan las complicadas negociaciones con Alemania para alcanzar la paz, queda abolida la gran propiedad sobre las tierras agrícolas, los obreros asumen el control de la producción y se aprueba una resolución sobre los derechos de las nacionalidades. La situación económica era catastrófica. El mismísimo Lenin formula la pregunta: ¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder? León Trotski, uno de los grandes artífices de la epopeya, será el organizador del Ejército Rojo, con el que afrontaron las sublevaciones de las fuerzas reaccionarias y la intervención de potencias imperialistas, que intentaron hacer naufragar a la naciente república soviética.

A manera de un brevísimo itinerario sobre los días que conmovieron al mundo, como lo escribió el periodista y comunista estadounidense, John Reed, se puede anotar que:

10 de octubre: el Comité Central del POSDR –bolchevique- adopta la resolución sobre la insurrección armada y elije un buró político encabezado por Lenin.

11/13 de octubre: Congreso de los Soviets de la región norte.

15 de octubre: el Comité Central del partido bolchevique estudia el plan insurreccional.

16 de octubre: en la reunión del CC del partido bolchevique se nombra el Comité Militar Revolucionario.

24/25 de octubre: insurrección armada de los obreros, soldados y marinos de Petrogrado.

26 de octubre: los insurrectos se apoderan del Palacio de Invierno y detienen al Gobierno Provisional.

25/27 de octubre: el II Congreso de los Soviets de toda Rusia proclama el poder soviético, aprueba los decretos sobre la paz y la tierra, y elige un nuevo gobierno.

Entre los miembros del Comité Militar Revolucionario, que dirige la insurrección estuvieron: León Trotski -quien lo presidió- Félix Dzerzhinski, Andrei Búbnov, Yákov Sverdlov, Iosif Stalin, Moisei Uritski, Iván Gaza, Vlas Chubar, Anatoli Zhelezniakov, Iván Fleróvski, Mkrtich Ter-Arutiniants, Alexandr Ilin – Zhenévski, la mayoría de ellos obreros y militares de larga trayectoria en el partido bolchevique.

El Manifiesto del 25 de octubre de 1917 quedó para la historia:

“¡A los ciudadanos de Rusia!

El Gobierno Provisional ha sido depuesto. El poder del Estado ha pasado a manos del Comité Militar Revolucionario, que es un órgano del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado y se encuentra al frente del proletariado y de la guarnición de la capital.

Los objetivos por los que ha luchado el pueblo –la propuesta inmediata de una paz democrática, la supresión de la propiedad agraria de los terratenientes, el control obrero de la producción y la constitución de un Gobierno Soviético- están asegurados.

¡Viva la revolución de obreros, soldados y campesinos!”.

La revolución que cambió al mundo había comenzado, por primera vez en la historia el poder político pasó a manos de los obreros y los campesinos pobres, y el POSDR (b), que en adelante se identificará como: Partido Comunista de Rusia (bolchevique), inicia la construcción del socialismo. La ola revolucionaria se expande, el poder soviético es instaurado en todas las naciones que integraban el vasto Imperio de los Zares, el 29 de diciembre de 1922 fue constituida la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, como un Estado plurinacional y multiétnico con unos 150 millones de habitantes.

Uno de los momentos más apremiantes para el nuevo gobierno fue la firma del Tratado de Brest-Litovsk con Alemania. Era imperativo alcanzar la paz, principal propuesta de los bolcheviques antes de Octubre, Lenin, con la tenacidad que lo caracterizaba, logró que la dirección del partido comprendiera la justeza del acuerdo, sin embargo, se libró una dura lucha interna en el bolchevismo, aparece la “oposición de izquierda”, que cuestionó el tratado.

La larga lucha por el socialismo en Rusia

Sin lugar a dudas, es imprescindible anotar algunos acontecimientos que precedieron al “Octubre Rojo”, como fue la primera revolución rusa en 1905, que tuvo como punta de lanza las huelgas obreras, en las que se enarbola un programa con un punto principal: el derrocamiento del zarismo y la instauración de la república democrática. Aún con la derrota sufrida quedan muchas enseñanzas de ese proceso, y dos logros históricos: el surgimiento de los soviets y la consolidación del partido bolchevique.

Además, hay que agregar que el panorama político estaba constituido por los partidos monárquicos que sustentaron al régimen zarista, y por tres corrientes opositoras al absolutismo: la socialdemocracia, de nítida raíz marxista, cuyo partido, el POSDR, se funda efectivamente en 1903, en su II Congreso, del que surgen dos tendencias: la bolchevique –mayoritaria- y la menchevique –minoritaria-. También están los ‘narodnicki’, -que en español quiere decir populistas- quienes aplican la práctica de “ir al pueblo” y realizan acciones armadas de envergadura, en 1902 fundan el Partido Socialista Revolucionario. La otra corriente es la de los “marxistas legales”, cuyos dirigentes engrosarán las filas de los partidos liberales.

Destacados teóricos marxistas integraron la socialdemocracia rusa, ahora bien, quien planificó y puso en marcha la construcción orgánica del partido fue Vladimir Ilich Uliánov, -Lenin-, con el periódico “La Chispa” como instrumento fundamental, y librando una dura lucha en el campo de las ideas con los ‘narodnicki’ y los ‘marxistas legales’. Deportado en un lejano pueblito de Siberia redacta su primera obra científica: “El desarrollo del capitalismo en Rusia”. Lenin no solo estudia a profundidad “El Capital” de Carlos Marx, sino que formula una estrategia política con base en el análisis de la realidad de su país. Insistirá, una y otra vez: “sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario”.

¿Qué hacer? No es solo el título de un libro de Lenin, es la delimitación de las fronteras en el campo de las ideas, es la definición del carácter de la clase obrera como sujeto revolucionario, y síntesis de los objetivos a conquistar: la revolución democrática y la revolución socialista, como momentos diferenciados de un proceso que es, en sí mismo, un todo. Vladimir Ilich Uliánov aporta –también- que la dinámica decisoria del partido, ha de basarse en el “centralismo democrático”, que no es otra cosa que la aplicación de las leyes de la dialéctica a un aspecto cardinal de la práctica política.

Una de las características de la tendencia bolchevique fue su fuerte conexión con la clase obrera en los principales centros fabriles de Rusia, vale decir, obreros formando parte de la organización del partido y de sus instancias de dirección. Estudian a Carlos Marx y a Federico Engels, y a los más importantes teóricos revolucionarios de su tiempo, -cuenta Nadieszhda Krupskaya. Sostuvieron que el marxismo no es un dogma sino una guía para la acción, y las definiciones de su línea política partían del “análisis concreto de la situación concreta”.

La fertilidad de las discusiones teóricas en la socialdemocracia rusa, que tiene como antecedente la polémica entre Carlos Marx y Vera Zasulich, repercutirá en la concreción del programa del gobierno soviético, en particular, la cuestión agraria, asunto que jugó un rol decisivo en el momento de tomar decisiones políticas en los soviets en octubre de mil novecientos diecisiete. ¿Se trata de crear una nueva economía política y de una nueva teoría del Estado? ¿Es posible construir el socialismo en un solo país? ¿La revolución es permanente o ininterrumpida? ¿Las “comunidades agrarias” rusas pueden ser fuente primigenia de la nueva sociedad? ¿Es la “comunidad” una derivación del Estado? ¿La revolución es obra de los movimientos populares o de las estructuras del Estado?

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Soplando la potente fragua

Toda la socialdemocracia europea sufre una crisis de consecuencias radicales cuando estalla la primera guerra mundial, aunque en todos los congresos de la II Internacional Socialista se aprobaron mociones en las que se planteó una firme oposición al conflicto bélico que devastaba a Europa, los partidos socialdemócratas claudicaron, solo una minoría se opuso a la guerra -los bolcheviques entre otros- y propusieron que debía detenerse la matanza y alcanzar la paz. Con el triunfo de la revolución rusa el deslinde se precipita, una buena parte de los líderes de la socialdemocracia europea cuestionaron al poder soviético, la reacción de los bolcheviques no se hizo esperar, convocaron a los partidos a varias conferencias, y el 4 de marzo de 1919 fundaron la Tercera Internacional, que se organizó como un partido mundial.

Teniendo como principio el internacionalismo, los revolucionarios rusos están atentos a la evolución de los acontecimientos en Europa. Aunque los obreros derrocharon heroísmo en épicas batallas, la revolución alemana fue derrotada y asesinados sus insignes dirigentes: Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo. La revolución en Hungría no alcanzó a consolidarse, ni la insurrección anarquista en España, las sublevaciones obreras en Estados Unidos también fracasaron, igual resultado tuvo el movimiento de los consejos de fábrica en Turín. Mientras en Rusia se asaltaba el Palacio de Invierno y se instauraba el poder de los soviets, en México, luego de casi diez años de guerra popular revolucionaria, se aprueba la progresista Constitución de 1917. En el lejano oriente, un potente movimiento democrático derribó al milenario Imperio de China, mientras que en la India las voces independentistas cobran fuerza.

Ahora bien, en los primeros años de la revolución socialista, el gobierno soviético enfrentó y venció las conspiraciones de los imperialistas y de los remanentes del régimen zarista. Ganaron la guerra civil pero el país quedó devastado, con millones de ciudadanos pasando hambre. Ante esa realidad, Lenin, con sus dotes de conductor, aplicó un drástico y rápido viraje, el más importante fue pasar del “comunismo de guerra” a la “nueva política económica” la NEP, que Lenin la explica como: “… es la alianza entre el proletariado y los campesinos, la alianza de la vanguardia del proletariado, con las grandes masas campesinas”, y deja claro que su objetivo económico es: asegurar el triunfo de las relaciones socialistas de producción.

El valor de los bolcheviques es haber hecho la revolución, fueron capaces de producir orden, de entender lo que significa el Estado, lo que significa la guerra, crearon el Ejército Rojo, tuvieron una enorme flexibilidad táctica, fue ésta una experiencia en la que se impuso el arte de hacer posible lo que parecía imposible, lo que quiere decir, entonces, que ‘los de abajo sí pueden ganar’. Avanzaron, retrocedieron, dieron vueltas, zigzaguearon, tomaron atajos, pero, cumplieron con el programa que le propusieron al pueblo.

Rosa Luxemburgo expone en: “La revolución rusa. (Un análisis crítico)”: “El bolchevismo se ha demostrado capaz de realizar lo que un partido auténticamente revolucionario está en condiciones de realizar dentro de los límites de las posibilidades históricas. Una revolución proletaria modelo en un país aislado, consumido por la guerra, asfixiado por el imperialismo y traicionado por el proletariado internacional, representaría un milagro, y ellos no pueden pretender hacer milagros. Lo esencial es saber distinguir en la política de los bolcheviques lo sustancial de lo accesorio. En este último período, que precede luchas decisivas en todo el mundo, el problema primordial del socialismo es el problema candente del día: no este o aquel detalle táctico, sino la capacidad del proletariado para la acción, la energía de las masas, en general, la voluntad socialista de conquistar el poder…” y puntualiza: “He aquí lo sustancial y perdurable de la política bolchevique. En este sentido, su mérito perdurable es haberse ubicado en la vanguardia del proletario internacional con la toma del poder político y haberse planteado en la práctica el problema de la concreción del socialismo”.

Momentos de acelerados ascensos, tiempos de barricadas, de insólitas ofensivas, a menudo son seguidos por reflujos del movimiento popular, y al contrario, luego de períodos de pasmosa quietud, se desencadenan volcánicas fuerzas revolucionarias. Esa es una enseñanza de la historia. Las revoluciones se presentan por oleadas, no son un acto, son procesos en los cuales ha de producirse un desborde democrático de la sociedad, una ruptura de los dispositivos fácticos y culturales de la dominación y, huelga decir, en los resortes esenciales del poder político.

Precisar de manera exacta los momentos de auge y los de reflujo de los movimientos revolucionarios es ‘de suyo’ importante, ello tiene valor táctico y estratégico, el camino a seguir no es, entonces, un acto de voluntarismo –por muy heroico que sea-, es la derivación del estudio de la realidad y de una labor política colectiva, porque la disputa por la hegemonía cultural y la resolución práctica de las correlaciones de fuerza se resuelven en el campo de la política, hay momentos ‘jacobinos’ y hay tiempos de ‘guerra de posiciones’.

La ecuación es: Gramsci + Lenin, plantea García Linera.

Giuliano Procacci, en su análisis sobre “El Gran Debate: el socialismo en un solo país”, -que publicó Siglo XXI Editores-, [1973], dibuja el contexto en el que discute la dirección comunista de Rusia, vale decir, en un período que se caracterizó por la “estabilización relativa del sistema capitalista”, consideración hecha por un plenario de la III Internacional, en el que se concluye que la ola revolucionaria que se inició con la Revolución de Octubre se había agotado y que “…la perspectiva de una revolución proletaria en Europa Occidental que, al menos hasta el fracaso de la tentativa revolucionaria de octubre de 1923 en Alemania, que se había considerado abierta, debía ahora evaluarse como postergada por un tiempo indefinido”.

Resulta obvio, que si la correlación es favorable a las fuerzas populares, las transformaciones estructurales han de avanzar de manera acelerada, lo más acelerado posible, ganando tiempo, construyendo el bloque social de la revolución; y al contrario, cuando la correlación de fuerzas es adversa, ha de marcharse con cautela, y no pocas veces, hay que asumir una posición defensiva, prudente, eso sí, sin perder -¡jamás!- la iniciativa política.

Fue ésta la situación que vivieron los bolcheviques en los primeros años de la revolución rusa, una verdadera tormenta se desató al interior del partido comunista, unos plantearon que podía construirse el socialismo en un solo país, otros, mantuvieron una opinión contraria.

“Una de las características –apunta Procacci- de la teoría leninista de la revolución de Octubre, consistía, según Stalin, en haber aprehendido que el desarrollo económico y político desigual de los países capitalistas hacía posible la ruptura del sistema capitalista mundial en su “eslabón más débil” y, por tanto, la victoria del socialismo en un solo país”. Trostki, Zinoviev, Radek, Kámenev, y otros bolcheviques, sostuvieron una tesis diametralmente opuesta a la formulada por Stalin, la división del bolchevismo se concretaría al cabo de unos años.

La tesis del “socialismo en un solo país” se impuso en la URSS, la historia ha demostrado que esa fue una decisión incorrecta, la ruptura del “eslabón más débil –como comenta César Villalona: “no significa que ese eslabón pueda construir el socialismo solito, es imposible en la sociedad capitalista, que es mundial, y no puede permitir socialismo mientras haya imperialismo. Revolución y socialismo no es lo mismo.

También aporta una cita de Lenin esclarecedora: “No hemos acabado de construir ni siquiera los cimientos de la economía socialista y las potencias hostiles del capitalismo moribundo todavía son capaces de privarnos de ellos. Debemos apreciar esto claramente y admitirlo con franqueza; no hay nada más peligroso que las ilusiones. Y no hay nada absolutamente terrible en admitir esta amarga verdad; siempre hemos defendido y reiteramos la verdad elemental del marxismo: que para la victoria del socialismo son necesarias fuerzas conjuntas de los trabajadores de varios países desarrollados” [Lenin: la economía y la política en la época de la dictadura del ´proletariado. 1919].

– Sobre este punto, –añade Villalona-, el Comandante Chávez expresó en el Foro Social Mundial, realizado en enero de 2005, lo siguiente: “Es absolutamente imposible la revolución en un solo país. Estamos debilitando las columnas del sistema capitalista, pero, o cae en todo el mundo o no cae en ninguna parte”. La idea del socialismo a escala mundial es una verdad científica.

Si alguna enseñanza ha de ser rescatada de estas discusiones, es la referida a que no existe un “modelo” de socialismo, pero: -¿quién puede poner en duda la necesidad de revisar las “experiencias socialistas”, de la “centuria corta”, como llamó Eric Hobsbawm, al siglo XX?- Una consideración de tal naturaleza, entonces, indica que el estudio de la realidad mundial, y la de cada país, es un imperativo, si hemos de resolver colectivamente la crisis que hoy existe en el pensamiento económico y político universal. Hay, eso sí, una indeclinable toma de posición: la existencia de las clases sociales y de la lucha de clases en la sociedad moderna. Toda la narrativa neoliberal, de Margaret Thatcher en adelante, se funda en la premisa de que las clases sociales no existen, y mucho menos la lucha entre ellas, y es ese un asunto vital, si el discurso capitalista reconociera que existe una lucha histórica entre la clase trabajadora –que es la que produce valor- y la clase capitalista, poseedora de los medios de producción, el sustrato ideológico del capitalismo se derrumbaría.

A fines de 1922 se deteriora la salud de Vladimir Ilich Uliánov, en sus últimos artículos alerta sobre el peligro que significa que un solo dirigente tenga en sus manos todo el poder del Estado y del partido, en enero de 1924 falleció, y no cabe duda que este hecho marca una etapa en la historia de la revolución rusa. Lenin fue un líder mundial de la lucha por el socialismo, siempre tuvo claro el papel que le corresponde a la clase obrera en la sociedad moderna, que no es otro que ser “la potente fragua que el hombre libre ha de forjar”, como dice el himno del proletariado universal: La Internacional.

A contracorriente: el Socialismo del Siglo XXI

No es menester de este brevísimo ensayo el abordaje de otros temas, como las divisiones en el PCUS y la polémica sobre el rumbo a seguir en la construcción de una nueva sociedad; el papel del Estado y del partido; la heroicidad sin límite del pueblo y de los comunistas soviéticos en la II Guerra Mundial, cuando fueron capaces de vencer a la poderosa maquinaria bélica de los nazis; o las consecuencias de la crítica a Stalin en el vigésimo Congreso del PCUS; el cisma con la dirección comunista china, y con los yugoslavos. Además, del hecho incontrovertible de haber construido un sistema económico social que elevó el nivel de vida de los ciudadanos soviéticos, la creación del campo socialista y su amplio apoyo a los movimientos de liberación nacional, más no se puede dejar de mencionar que la URSS emergió como una gran potencia que desafió al imperialismo norteamericano.

La Unión Soviética y su partido comunista vivieron diversas etapas, luego de la muerte de Stalin, Nikita Jruschov empujó importantes cambios, que serían profundizados por Leonid Brézhnev, el breve gobierno de Yuri Andrópov anunció nuevas transformaciones, pero será con Mijail Gorbachov en la década de los ochenta del siglo pasado, cuando se impulsaría la renovación del socialismo, conocida como “perestroika”. Proceso que terminó con la derrota del socialismo en el este de Europa, la restauración del capitalismo en esas naciones y la desintegración de la Unión Soviética en mil novecientos noventa y uno.

Schafick Handal –líder revolucionario salvadoreño- aporta una reflexión profunda sobre este hecho, y sobre el socialismo como transición, en la entrevista que le hizo Rubén Zardoya, para la revista cubana: Contracorriente. [Abril: 1997].

“… ¿sigue siendo cierto que se puede ir al socialismo saltando etapas? ¿Desde cualquier nivel de desarrollo se puede avanzar hacia el socialismo? Yo creo que uno de los aspectos erróneos del modelo de socialismo soviético es que, para acelerar el proceso, se concentró en el Estado actividades que no necesariamente tenían que haberse concentrado en él y que podían haber estado más en manos de la sociedad. Creo que el socialismo del futuro va a ser un socialismo más socializado”. (…) “La tesis de que la propiedad del Estado era propiedad de todo el pueblo no se confirmó. En la Unión Soviética de los últimos tiempos, la burocracia del Estado y del Partido se comportaba como dueña y el resto de la sociedad que no se sentía dueña, se desmotivó. Aquella era una propiedad por delegación, como por representación; el ejercicio de los derechos y de la propiedad tenía lugar por representación. Esto lo podemos extender también al plano político. ¿Quiénes ejercían el debate y la toma decisiones? ¡Era por delegación! ¿A qué viene esto? Insisto en que esa estatización tan absoluta está vinculada con el esfuerzo por saltar etapas y con la intención de dirigir racionalmente la sociedad, en correspondencia con un plan. Ello dio resultado por un período y fue espectacular. ¡Fue casi un milagro! Y esa experiencia no se puede echar en saco roto: de ella concluimos que concentrar en manos del Estado una serie de importantes recursos puede arrojar resultados muy positivos en una serie de campos. Lo que debe ponerse en cuestión es si esa forma de organización económica y política puede convertirse en permanente en un sistema socialista sostenible”.

“Ya está quedando claro, -agrega Handal-, primero, que por su naturaleza, el capitalismo no es humanizable; segundo, que tras el derrumbe del socialismo (soviético), los problemas de la humanidad se han agudizado, son más graves que antes; y tercero, que la opción socialista sigue en pie, y que la superación de los grandes problemas de la humanidad está más allá de las fronteras del capitalismo”.

A cien años del Octubre Rojo en Rusia, y en la perspectiva de formular una teoría sobre la revolución socialista mundial en este siglo, es preciso profundizar en el estudio del rumbo seguido por el “socialismo con características chinas” que impulsa el Partido Comunista de China, bajo la guía teórica y política de Deng Xiaoping, la “actualización” del socialismo cubano, y la “renovación” del socialismo en Vietnam. Este centenario ha de servir, también, para discutir los límites y los logros del “Estado de Bienestar”, que impulsó la socialdemocracia europea, y que paradójicamente se derrumbó con el “Muro de Berlín”, y claudicó ante el empuje del neoliberalismo, a escala mundial.

– ¿Cómo analizó este contradictorio proceso el Comandante Hugo Chávez, líder histórico de la revolución bolivariana?

– En un discurso del 11 de enero de 2002, al asumir la presidencia del Grupo de los 77, en la sede de las Naciones Unidas, expuso:

“En estos últimos años, en mi criterio, pareciera que la política, la gran política, fue desterrada de los espacios del mundo. Claro, me parece que eso fue parte de un plan. Después de la caída del Muro de Berlín, después de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas –URSS- se pretendió imponer en el mundo la idea del fin de la historia: se acabó el camino, se impuso la idea del pragmatismo, ya no hace falta la política, es la mano invisible del mercado la que todo lo puede y lo que todo arregla, es la tesis del neoliberalismo salvaje, nefasta tesis que tanto daño le ha hecho al mundo durante siglos, y ahora, a finales del XX, pues vino de nuevo con su veneno, con su egoísmo, sin alma, a tratar de desterrar la política. Ya Platón, mucho antes de Cristo, hablaba y escribía de la politeya, la toma de decisiones que afectan al colectivo. Entonces creo que la política fue desterrada o quiso ser desterrada. Creo que ahora viene la revancha de la política, el retorno de la gran política”, y más adelante:

“Hemos visto como en pocos años, el neoliberalismo amenaza con acabar pueblos enteros, amenaza y ha echado abajo gobiernos, ha llevado a países que de estar rozando el segundo y el primer mundo, de repente han dado un salto al quinto infierno: el desempleo, la pobreza, la explotación, la desigualdad, la injusticia, y de allí a los conflictos sociales y de allí a los conflictos políticos, y de allí a los conflictos violentos, solo hay un paso, de allí a las guerras intestinas solo hay un paso. Es diabólico el neoliberalismo…”

El “cambio de época” en América Latina es una contienda en desarrollo, con derrotas y victorias, y con una singularidad: distintos procesos de cambio en diversos países que se producen simultáneamente, como sucedió con las rebeliones comuneras e indígenas de 1781-1782, y la gesta independentista. Un enemigo común y problemas comunes, hacen de la epopeya latinoamericana y caribeña de este tiempo, un hecho que impacta al mundo. Esta batalla apenas comienza, y tiene como horizonte la convocatoria que hiciera el Comandante Chávez al debate sobre lo que denominó el Socialismo del Siglo XXI, que no es otra cosa que construir una sociedad de hombres y mujeres libres.

Roy Daza, periodista venezolano, y militante del PSUV, el 5 de octubre de 2017

https://www.alainet.org/es/articulo/188999

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A 100 AÑOS DE LA REVOLUCION BOLCHEVIQUE: FRACASADA O BOICOTEADA?

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La URSS es un país que supone una seria amenaza para el mundo occidental. No me estoy refiriendo a la amenaza militar; en realidad esta no existía. Nuestros países están lo suficientemente bien armados, incluyendo el armamento nuclear. Estoy hablando de la amenaza económica. Gracias a la economía planificada y a esa particular combinación de estímulos morales y materiales, la Unión Soviética logró alcanzar altos indicadores económicos. El porcentaje de crecimiento de su Producto Nacional Bruto es prácticamente el doble que en nuestros países. Si añadimos a esto los enormes recursos naturales de los que dispone la Unión, con una gestión racional de la economía, son más que reales las posibilidades que tiene de expulsarnos del mercado mundial… Por eso siempre hemos adoptado medidas encaminadas a debilitar la economía de la Unión Soviética y a crear allí dificultades económicas.

Margaret Thatcher. Houston, Texas, 1991. [1]

Fue en 1917, cuando obreros y campesinos, bajo el liderazgo de Vladimir Ilich Uliánov, Lenin, iniciaron la Revolución Bolchevique. Casi 70 años después, el 8 de diciembre de 1991, los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, suscribieron el Tratado de Belavezha, el cual marcó la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Innumerables intelectuales e historiadores de la época, incluso aquellos que se reconocían comunistas, se dieron a la tarea de recalcar que la Revolución Rusa fracasó, otros simplemente callaron. Centenares de escritos fueron publicados acerca de la “crisis de la URSS” y del fracaso del socialismo, lo que a su vez justificó la Perestroika iniciada por Mijaíl Gorbachov en 1985, y la transición a una economía de mercado promovida y consolidada por Boris Yeltsin a partir de enero de 1992, luego de asumir la presidencia de Rusia.

Confundidos por la situación económica que se vivía en la URSS desde mediados de los 80, caracterizada por la escasez de alimentos, la cual se manifestaba en colas cada vez más largas a las puertas de los establecimientos, los estudiosos, líderes y decisores comenzaron a cuestionar el modelo socialista justificando la necesidad imperiosa y urgente de un cambio y de una transición hacia un sistema similar al de Occidente. Es así como ante la confusión de lo que ocurría, y convencidos de que la causa era el fracaso del socialismo, Gorbarchov inició un conjunto de transformaciones que apuntaron a la liberación de los mercados.

Se preguntarían los intelectuales y líderes políticos de la época ¿por qué tardó 70 años en fracasar el modelo socialista? Se habrán paseado por la interrogante de ¿por qué la Revolución sobrevivió a las dos guerra mundiales y no fue sino hasta finales de los 80 cuando comienzan a manifestarse síntomas de una supuesta crisis?, ¿habrán pensado en revisar los indicadores económicos y sociales que les permitiesen afirmar y sustentar el discurso del fracaso del modelo socialista y la necesidad de transitar hacia el libre mercado?, ¿les habrá pasado por la mente que la Revolución Rusa podía estar siendo asediada y boicoteada por el imperialismo?

Dos semanas antes de la disolución de la URSS, la “Dama de Hierro” no solo reconoció las bondades del modelo socialista al compararlo con el occidental, sino que además confesó que tenían tiempo adelantando acciones para crearle dificultades. Dijo Margaret Thatcher:

Por desgracia y pese a todos nuestros esfuerzos, durante largo tiempo la situación política en la URSS siguió siendo estable durante un largo periodo de tiempo. Teníamos una situación complicada, sin embargo al poco tiempo nos llegó una información sobre el pronto fallecimiento del líder soviético y la posibilidad de la llegada al poder, con nuestra ayuda, de una persona gracias a la cual podríamos realizar nuestras intenciones en esta esfera [debilitar la economía de la Unión Soviética]…

…Esa persona era Mijaíl Gorbachov, a quien nuestros expertos calificaban como una persona imprudente, sugestionable y muy ambiciosa. Él tenía buenas relaciones con la mayoría de la élite política soviética, y por eso su llegada al poder, con nuestra ayuda, fue posible. [2]

El escritor Serguei Kara-Murza, quien se ha dedicado a sistematizar y desmontar con indicadores y gráficos el mito del fracaso de la Revolución Rusa, [3] afirmó de manera tajante: “No hubo ninguna crisis económica en la URSS al inicio de la Perestroika. Cualquiera puede ver esto en los anuarios estadísticos”. [4]

Entre 1917 y 1991, la economía rusa registró un crecimiento continuo. La producción medida en términos per cápita incrementó 378%. Los niveles más altos de producción se registraron a finales de los años 80. Fue a partir de la disolución de la URSS cuando comenzó a registrarse una disminución de la producción. Entre 1991 y 1998, la economía rusa cayó 45%.

Cómo explicar, entonces, la supuesta crisis económica de la década de los 80, cuando durante esos años se registraron los mayores niveles de producción.

1 noviembre, 2017

Texto completo en el PDF adjunto

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https://www.alainet.org/es/articulo/189001

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Los recientes ataques abren el debate sobre qué es terrorismo en Estados Unidos

Por MAX FISHERy AMANDA TAUb2 de noviembre de 2017

La ciclovía al lado del río Hudson en el Bajo Manhattan donde un conductor mató a ocho personas el martes.Todd Heisler/The New York Times

Horas después de que una camioneta atropellara a varias personas en una ciclovía de Manhattan el martes, los estadounidenses volvieron a debatir sobre algunas de las preguntas que dividen a esa sociedad que cada vez está más polarizada: ¿cuándo se puede decir que un ataque es terrorismo?

Hace un mes, cuando un hombre abrió fuego contra el público de un concierto en Las Vegas, acción con la que asesinó a decenas e hirió a cientos de personas, el ataque no fue calificado de forma generalizada como un acto de terrorismo. Pero esa etiqueta se usó de inmediato para describir el ataque del martes en el que murieron ocho personas, lo cual detonó otra ronda en el feroz debate nacional.

En la superficie, esto podría considerarse como una cuestión que se relaciona directamente con la motivación. El terrorismo se define como un ataque contra civiles para asustar a una comunidad más grande con propósitos políticos.

Sin embargo, la nueva generación del terrorismo islámico, perpetrado por individuos que dicen inspirarse desde lugares lejanos, ha borrado las distinciones entre terroristas e individuos perturbados que actúan por cuenta propia. Lo mismo ha sucedido con quienes ejecutan tiroteos masivos y dan señales tanto de sufrir una enfermedad mental como de apegarse a causas ideológicas ambiguas.

Como resultado, el terrorismo a menudo está en la mirada del espectador, y se determina tanto por el atacante como por la comunidad que se vuelve blanco de las acciones, la cual debe decidir si el ataque representa una amenaza más amplia que requiere una respuesta.

Entonces, cada acción detona un acalorado debate en torno a los problemas relacionados con el control de armas, la inmigración o la tolerancia religiosa —algunos de los problemas que más dividen al país— litigado en un momento de presión nacional.

Para algunos estadounidenses, generalmente los de la izquierda, el ataque de Las Vegas representó el terrorismo de leyes de armas que deben revisarse.

Clasificar el ataque de Las Vegas como terrorismo podría significar clasificar las armas como amenazas nacionales que requieren una respuesta. La derecha consideraría que eso es un intento de afectar a los propietarios de armas y a los conservadores.

Muchos en la derecha consideran que los ataques como el de Nueva York, encabezado por un hombre de Uzbekistán que gritó “Allahu akbar” (“Dios es grande” en árabe), se originan de una amenaza más amplia de la inmigración musulmana sin control. Si es un acto de terrorismo, como lo han definido el alcalde Bill de Blasio y otros, entonces el atacante no puede ser desestimado como un individuo perturbado.

Más de 16 años después de los ataques del 11 de septiembre, muchos estadounidenses, particularmente de izquierda, están cuestionando la disposición con la que los individuos musulmanes se definen como terroristas mientras que quienes no lo son se califican de “tiradores masivos”.

Aunque la etiqueta sea apropiada en casos individuales, dicen, la inconsistencia indica una tendencia a considerar que los musulmanes son parte de un grupo hostil que busca afectar Estados Unidos desde adentro y los asesinos blancos son una especie de excepciones.

Debido a que los asesinatos masivos son momentos de terror público, esta no es un área en la que muchas personas se pongan de acuerdo con facilidad. Podría parecer que las distintas respuestas imponen una jerarquía de víctimas, en la que quienes fueron asesinados por un tipo de atacante se consideran más importantes que otros, así como una jerarquía de perpetradores, clasificada por quienes son vistos como una amenaza mayor.

Un homenaje en Las Vegas para las víctimas del tiroteo del 1 de octubre Eric Thayer para The New York Times

Lo que puede parecer un simple asunto de definición rápidamente se divide entre distintas facciones que argumentan a favor de la prioridad de su propia cosmovisión, en un momento en el que eso parece al mismo tiempo más urgente y menos apropiado.

Cada ataque profundiza estas divisiones. Los sucesos provocan terror visceral para muchos, y pueden parecer evidencia de que sus peores miedos se están volviendo realidad, y que la otra mitad de la sociedad está conspirando para hacer que no estén seguros al rehusarse a reconocer la amenaza.

Después del ataque en Nueva York del martes, el presidente Donald Trump publicó una serie de tuits que ligaron al conductor con la política migratoria. Dijo que él le había ordenado al Departamento de Seguridad Nacional que “aumentara nuestro programa de prohibiciones extremas”, e hizo un llamado para terminar con un programa de lotería de visas por diversidad para inmigrantes.

“Ser políticamente correcto está bien, ¡pero no en este caso!”, escribió.

Los de la izquierda, particularmente a quienes les preocupan los crecientes ataques contra los musulmanes, se inquietan por un intento de marginalizar aún más a los musulmanes estadounidenses en un momento en el que son especialmente vulnerables.

“Un hombre grita ‘Allahu akbar’ y asesina a personas. Los medios gritan: ¡Terrorismo!”, escribió en Twitter Nathan Lean, el autor de un libro sobre la islamofobia. “Un hombre blanco asesina a 56 personas en Las Vegas con armas de combate. Los medios no dicen nada”.

Estos debates se han hecho especialmente polémicos desde 2015, cuando Dylann Roof, un hombre de Carolina del Sur que había defendido públicamente la supremacía blanca, asesinó a nueve personas en una iglesia de mayoría negra en Charleston.

El movimiento de Black Lives Matter había pasado dos años haciendo campaña contra la violencia que sufren las personas de raza negra en Estados Unidos, especialmente quienes son asesinados por la policía. El ataque de Roof, argumentaron, demostró la amenaza que enfrentan estas personas.

Muchos sostenían que si el terrorismo islamista había inspirado movilizaciones nacionales y cambios drásticos de políticas, también la violencia contra las personas de raza negra debería hacerlo. Además, el crimen pareció ajustarse perfectamente a la definición legal de terrorismo.

Ese argumento expresa las crecientes preocupaciones de la izquierda acerca de que la palabra “terrorismo” ahora tiene una carga racial y religiosa, y se utiliza principalmente para describir ataques por parte de musulmanes contra no musulmanes.

Esto formó parte del gran debate sobre si a algunas víctimas de terrorismo se les otorgaba más protección que a otras con base en quién los atacó o por qué, y si los políticos entendían ciertas formas de terrorismo.

Cuando en 2009 se filtró un informe del Departamento de Seguridad Nacional acerca de la violencia de la extrema derecha, provocó acusaciones de que los demócratas estaban persiguiendo a los conservadores. El informe fue retirado y la oficina que lo había redactado se desmanteló silenciosamente.

El mismo año del ataque de Roof, la campaña presidencial de Trump ganó terreno gracias a un argumento distinto de que las políticas de identidad habían provocado que se desestimaran ciertas formas de terrorismo. En una declaración de campaña, Trump hizo un llamado a favor de “una prohibición de entrada a Estados Unidos total y completa para los musulmanes” con tal de protegerse de “la gente que solo cree en la yihad y no tiene razonamiento ni respeto por la vida humana”.

Así, definir el terrorismo se ha convertido en otra manera de debatir quién pertenece a la discusión y qué preocupaciones importan en un momento de peligro, cuando escuchar es más difícil y gritar parece ser necesario. Eso se ha convertido en el vehículo perfecto para la creciente tendencia entre los estadounidenses de considerar a los oponentes políticos no solo como ciudadanos con los que no están de acuerdo, sino como amenazas a su seguridad y protección.

Esa es una receta para una mayor polarización y hostilidad en un momento en el que los estadounidenses ya están peligrosamente divididos.

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La fuerza de los pequeños: la Teología de la Liberación

Leonardo Boff

Siempre que se celebra un Foro Social Mundial, tres días antes, se celebra también un Foro Mundial de la Teología de la Liberación. Participan más de dos mil personas de todos los Continentes (Corea del Sur, varios países de África, Estados Unidos, Europa y de toda América Latina) que practican en sus trabajos este tipo de teología. Ella implica tener siempre un pie en la realidad de la pobreza y de la miseria y otro pie en la reflexión teológica y pastoral. Sin este maridaje no existe Teología de la Liberación que merezca ese nombre.

Cada cierto tiempo hacemos nuestras evaluaciones. La primera pregunta es: ¿cómo está el Reino de Dios aquí en nuestra realidad contradictoria? ¿Dónde están las señales del Reino en nuestro Continente, pero también en China, en África crucificada, especialmente en medio de los pequeños de nuestros países? Preguntar por el Reino no es preguntar cómo está la Iglesia, sino cómo va el sueño de Jesús, hecho de amor incondicional, de solidaridad, de compasión, de justicia social, de apertura a lo Sagrado y qué centralidad se da a los oprimidos. Estos y otros valores forman el contenido de lo que llamamos Reino de Dios, el mensaje central de Jesús. El nombre es religioso pero su contenido es humanístico y universal. Él vino a enseñarnos a vivir esos valores y no simplemente a trasmitirnos doctrinas sobre ellos.

Igualmente, cuando se pregunta cómo va la Teología de la Liberación, la respuesta está contenida en esta pregunta:¿cómo están siendo tratados los pobres y los oprimidos, las mujeres, los desempleados, los pueblos originarios, los afrodescendientes y otros excluidos? ¿Cómo entran en la práctica liberadora de los cristianos? Conviene subrayar que lo importante no es la Teología de la Liberación sino la liberación concreta de los oprimidos. Esta es una presencia del Reino y no la reflexión que se hace.

Del 12 al 14 de octubre unos 50 teólogos y teólogas de toda América Latina tuvimos un encuentro en Puebla (México). Fue organizado por Amerindia, una red de organizaciones y de personas comprometidas con los procesos de transformación y de liberación de nuestros pueblos. Esta reunión, hecha en clave cristiana y crítica, analiza el momento histórico en que vivimos, con una perspectiva holística, enfatizando los contenidos místicos/proféticos y metodológicos de la Teología de la Liberación, hecha a partir de esa realidad.

Allí estaban algunos de los “padres fundadores” de este tipo de teología (a principios de la década de 1970), todos entre 75-80 años, que se encontraban con la nueva generación de jóvenes teólogos (indígenas entre ellos) y teólogas (algunas negras e indígenas). Con un sentido profundamente igualitario y fraterno, queríamos identificar nuevas sensibilidades, nuevos enfoques y maneras de procesar ese tipo de teología, qué dignidad atribuimos a los que no cuentan y son invisibilizados en nuestra sociedad de corte neoliberal y capitalista.

En vez de conferencias –hubo solo dos introductorias en la apertura– preferimos trabajar en mesas redondas, en pequeños grupos y hacer intercambios en conjunto. De esta forma todos podían participar en un enriquecimiento fecundo. Había teólogos/as que trabajaban en medio de indígenas, otros en las periferias pobres de las ciudades, otros en la cuestión de género (como superar relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres) en toda una región, otros eran profesores e investigadores universitarios pero orgánicamente vinculados a los movimientos sociales. Todos venían de experiencias fuertes y hasta peligrosas, especialmente en América Central con los cárteles del narcotráfico, las desapariciones, las “maras” (crimen organizado de jóvenes violentos) y la violencia policial. Todos los trabajos fueron transmitidos por internet y había miles de seguidores en todo el Continente.

No se puede resumir la densidad reflexiva de tres días de trabajo intenso, pero quedó claro que hay distintas formas de entender la realidad (epistemologías), ya sea de los pueblos originarios, sea de los afrodescendientes, sea de hombres y mujeres marginados e integrados. Para todos era evidente que no se puede resolver el problema de los pobres sin la participación de los propios pobres. Ellos deben ser los sujetos y protagonistas de su liberación. Nosotros estamos dispuestos a ser aliados y fuerza secundaria.

La Teología de la Liberación de los “viejos” y de los nuevos escomo una semilla que representa la “fuerza de los pequeños”, lema del encuentro. Esa semilla no murió. Seguirá viva mientras haya un único ser humano oprimido que grite por liberación.

Recordamos el poema de Pablo Neruda: “¿Cómo saben las raíces que deben subir a la luz y luego saludar al aire con tantas flores y colores?” Con Dostoievsky y con el Papa Francisco creemos también que fundamentalmente lo que salvará al mundo es la belleza, fruto del amor a la vida y a aquellos que injustamente menos vida tienen.

2017-10-24

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